Día de la Mujer

 

 

 

En el número 393 de la revista científica The Lancet, recientemente publicada en febrero, es el resultado de una selección de más de 300 artículos enviados a la revista desde más de 40 países con la consigna de tratar el tema de la mujer en la ciencia, la medicina y la salud global.


La conclusión de esta colección de artículos académicos es que, para alcanzar un cambio significativo, se deben realizar acciones dirigidas a transformar los sistemas en que las mujeres trabajan, y para ello, es esencial realizar abordajes basados en análisis feministas. A continuación una breve reseña de algunos de los artículos publicados:


Raymond y Goodman compararon el resultado de los procesos de evaluación para el otorgamiento de becas a investigadores en la Canadian Institutes of Health Research. Cuando se evaluaba a los postulantes por proyecto de investigación, la proporción de hombres y mujeres becarios fue casi igual. Pero cuando lo que se evaluaba era el investigador, los hombres se vieron más beneficiados en una proporción 1,4:1.

En el artículo de Jagsi, Padayachy y Surender, se hace referencia a una investigación realizada por Liang y colaoradores en la que se describen las situaciones estresantes que se presentan durante la formación de posgrado en cirugía en Australia (largas jornadas laborales e imposibilidad de retirarse del trabajo en ambos sexos, con el agregado de bullying y acoso sexual, disparidad en la distribución de tareas hogareñas e inflexibilidad en las expectativas de las instituciones a pesar de la maternidad en mujeres) que, cual ladrillos, forman una especie de “torre personal” que suele terminar derrumbándose por eventos de menor importancia. Los autores postulan que las intervenciones para enfrentar estos desafíos deberían no estar destinadas a un género, sino que deberían ser medidas generales que indefectiblemente favorecerán a las mujeres, quienes se encuentran en situación de desventaja.

El artículo de Hawkes, Haseen y Skhiri hace foco en cómo a través de siglos de medicina, el hombre ha sido la normalidad, y por ello, el objeto a estudiar, tratar e investigar. La mujer, considerada imperfecta desde los tiempos de Galeno, ha sido sub investigada y subconsiderada en las ciencias de la salud. El trabajo de Vincent Larivière y colegas, por ejemplo, mostró que desde 1980 a 2016, sólo el 54% de los estudios de salud pública, 43% en medicina clínica y 30% en investigación biomédica incluyeron población femenina. Asimismo, vieron que las investigaciones realizadas por mujeres tenían más probabilidad de considerar el sexo como una variable. Entonces, es probable que la mayor visibilización del género en los estudios publicados en los últimos años se deba al mayor porcentaje de mujeres en medicina (aunque sólo 30% de los cargos de investigación son ocupados por mujeres). Una transformación a una comunidad científica más diversa e inclusiva podría beneficiar a más gente en más lugares del mundo, y para ello necesita una revolución de transparencia para asegurar que la investigación científica sea universal, y no esté limitada por sexo, género, etnia, nacionalidad, ingresos u otro índice de desigualdad. Este cambio sólo será posible cuando la comunidad científica misma se vuelva más inclusiva, diversa y representativa.

En su publicación, Choo, Byington y col., plantean que la extensión al campo de la salud de #MeToo, que logró que se visualize el problema de la desigualdad y el acoso, debería verse continuado de un programa de acción al respecto, tal como lo fue el #TimesUp. Éste se encargaría de confrontar a las instituciones con los obstáculos que en ellas se presentan para terminar con el acoso y la desigualdad de género, tales como: las políticas y estructuras poco claras para evitar la desigualdad, la ausencia de procedimientos para la denuncia del problema, la falta de equipos de apoyo y protección para la víctimas de acoso, etc. La industria de la salud es uno de los mayores empleadores de mundo, y estas profesiones no podrán lograr sus objetivos de productividad, ni cumplir su rol en la sociedad, a menos que las mujeres sean completamente incluidas – no sólo en número, sino también en respeto, influencia y autoridad.

Por último, el artículo de Restar y Operario pone de manifiesto la escasa información publicada acerca de la realidad y las necesidades de las mujeres trans en el área de la salud. Esto se relaciona con las altas tasas de violencia educacional hacia éste grupo, así como hacia las mujeres de color. Esta violencia llega, en algunas partes del mundo, a la obligatoriedad de realizar cirugías de cambio de sexo. Los movimientos globales en favor de la igualdad de género deberían incluír también a las mujeres trans en ciencia, medicina, particularmente en el contexto de la educacion y entrenamiento.

La lucha por la igualdad de género es la responsabilidad de todos, y esto significa que el feminismo, también, es para todos: para hombres y mujeres, investigadores, clínicos, financiadores, directores institucionales, y también para las revistas científicas.


El número completo de esta revista se encuentra disponible en inglés ingresando a https://www.thelancet.com/…/vol393…/PIIS0140-6736(19)X0006-9